sábado, 17 de junio de 2017

Conversación

Estos días hablo más "golondrina" que cualquier otro idioma…
A lo mejor por la noche soñaré golondrina,
como cuando empecé a soñar en perfecto francés:
"Es como si lo recordara", recuerdo que pensé
cuando me sorprendía sabiendo más dormido que despierto.
Quizá en alguna otra vida fui francés. Quizá fui golondrina,
o lo seré, quién sabe.
Quizá he sido también un gato. Quizá fui portugués
de Lisboa. Quizá nací en un libro antes de nacer
para ser escritor, o los imprimí y encuaderné en Venecia…
en el Cinquecento. Las golondrinas me escuchan, pasan por alto
mis imperfecciones en la pronunciación, se ríen
maravillosamente de mí, pero me entienden
y me contestan con sus palabritinas.


Eduardo Fraile

sábado, 10 de junio de 2017

Animales

    Quizá fuimos crueles (inconscientemente crueles) con los animales
de niños. Aunque me recuerdo más protegiéndolos
de la crueldad de nuestros primos, que tenían carabinas
para cazar pájaros. Sí que fui pescador (con esas cañas
que hacíamos con una zarza o un varal de mimbre
de los mimbreros del Camino de Wamba). Tardes enteras
para coger medio junco de peces
que luego nos freían nuestras madres
para cenar. Según vamos haciéndonos mayores
aprendemos ─quizás─ a ser hermanos suyos:
de los animales (es decir, que son seres con ánima,
como nosotros). De hecho, si hago balance de mi vida,
creo que me he entendido mejor con ellos que con los humanos.
Y, luego, que si miramos bien, hemos sido ellos
(o lo seremos) en sucesivas vidas. Ved los pájaros,
los felinos, los cánidos, los reptiles, los bóvidos…
los equinos, los insectos, las ratas, en las cabezas de nuestros conciudadanos…
O a lo mejor por eso somos/hemos sido malos con ellos una vez:
porque son nosotros.


Eduardo Fraile

sábado, 3 de junio de 2017

Pájaros de hogaño

Quizá hay que haber matado pájaros de niño
para amarlos de mayor. Saulo de Tarso
no hubiera hecho posible el Cristianismo
sin ser primero su principal perseguidor. Con saña,
con eficacia, con la misma violencia
interior (con la misma pasión) que puso luego
en su apostolado. No sé
por qué los niños robábamos los nidos
de antaño, y los pájaros de hogaño
vuelan sobre nuestro corazón. Si he de elegir
qué ser en otras vidas (─¿Qué quieres ser de mayor?
nos decían entonces) solicito unas alas.
Y un cielo donde ya están volando los que amé,
quienes me amaron,
a los que hice llorar
cuando niño, por los que lloré de mayor.

Eduardo Fraile